Estas son las recomendaciones de UPA para la nueva campaña de cereales

En un momento en el que las cosechadoras todavía están calientes, los agricultores ya se encuentran planificando en su cabeza la próxima campaña. La decisión no es fácil. Estas son las recomendaciones de UPA para la próxima campaña de cereales.

Siembra de cereales en Segovia. FOTO: UPA.

En un momento en el que las cosechadoras todavía están calientes, los agricultores ya se encuentran planificando en su cabeza la próxima campaña. Y la decisión no es fácil. Hemos llegado hasta aquí con un año meteorológicamente bueno que nos ha permitido alcanzar buenos rendimientos, pero el valor de la cosecha está caracterizado por unos precios mundiales muy bajos.

Los cereales son un sector de “commodities”, que cotizan a nivel internacional y donde es muy complicado generar un valor adicional de mercado, excepto en nichos de mercado muy pequeños.

España es un país enormemente deficitario. Consumimos mucho más cereal que el que somos capaces de producir, debido a que nuestra cabaña ganadera es muy importante. Esto implica la necesidad de importar entre 10 y 15 millones de toneladas todos los años. En 2024 hubo que importar un record de 24 millones de toneladas para abastecer los 36 millones de toneladas que se necesitan para la ganadería.

A pesar de ello, el precio en el mercado español se sitúa de manera general hundido, más allá de momentos puntuales, donde la situación económica mundial, el precio del petróleo, problemas en la logística de los envíos internacionales u otras cuestiones coyunturales pueden provocar un aumento de las cotizaciones internacionales.

La superficie de cultivos herbáceos anuales en España lleva una tendencia a la baja alarmante. En 20 años se han perdido alrededor de 1 millón de hectáreas, que en su mayoría han pasado a cultivos leñosos.

Evolución de la superficie de cultivos herbáceos en España

En los últimos años las producciones mundiales han sido inferiores a los consumos, de manera que los stocks han ido a la baja. En buena lógica esto debería suponer un aumento de precios, pero el mercado funciona cómo quiere independientemente de estos parámetros.

Ante esta situación el agricultor tiene que comenzar a planificar la próxima campaña; analizar la rotación de cultivos, seleccionar variedades, mejorar la fertilización, etc.

Estas decisiones no son nada fáciles, pero sin duda, son casi las únicas que puede tomar para que su balance económico al final de campaña sea el mejor posible. Dado que el nivel de ingresos está muy condicionado por cuestiones difíciles de manejar (condiciones climatológicas y mercado mundial), las decisiones relacionadas con los gastos, cobran una mayor importancia.

Ajustar gastos y costes de producción

En todo caso, las decisiones a tomar deben tener un claro objetivo: ajustar el gasto lo máximo posible.

Existe una gran variabilidad de estructura de costes de producción, pero de manera general en un cultivo de cereales de secano, las partidas a tener más en cuenta son las siguientes: semillas, fertilización, arrendamiento y maquinaria.

Semillas. Es la primera decisión a la hora de sembrar un determinado cultivo y no siempre se analiza con detalle. La primera pregunta sería ¿utilizar grano acondicionado o semilla certificada? A estas alturas nadie debería dudar sobre que la semilla certificada tiene un carácter diferencial frente al grano acondicionado. El poder de germinación, la resistencia a enfermedades o condiciones climatológicas, son sin dudas características que se encuentran en mayor medida en la semilla certificada.

UPA está realizando pruebas en diferentes zonas de Castilla y León, donde campaña tras campaña, la semilla certificada ofrece rendimientos superiores al grano acondicionado, entre un 8 y un 12%. Esta actividad está enmarcada en el desarrollo del Convenio “Grano Sostenible”, una iniciativa del conjunto del sector, que pretende ayudar a los agricultores para que puedan mejorar la calidad de sus cultivos y aumentar la rentabilidad de sus explotaciones.

Pero esta decisión también debería condicionar la dosis de siembra por hectárea. No tiene ningún sentido plantear una dosis de siembra igual, si utilizo semilla certificada. Es muy habitual que las dosis de siembra sean más altas que las necesarias. La recomendación sería probar diferentes escenarios y acumular la experiencia necesaria para ajustar la dosis. Por otro lado, hay que pensar que a veces maximizar un rendimiento no supone un mejor balance económico.

Por último, un aspecto fundamental es la elección de la variedad más adecuada a las condiciones de la zona de producción. Existe una gran información sobre el valor agronómico de las diferentes variedades, y su comportamiento en diferentes zonas agroclimáticas.

El acceso a esa información es público, y es ofrecido por el Grupo para la Evaluación de Nuevas Variedades de Cultivos Extensivos en España, integrado por técnicos de Centros e Institutos de Investigación de las Comunidades Autónomas responsables de la realización de los ensayos de las redes de experimentación de variedades, de la Oficina Española de Variedades Vegetales (OEVV) del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) y de empresas del sector privado.

Por desgracia, la búsqueda de la información es un poco complicada, pero se puede encontrar información de cada variedad.

Fertilización. Este es el coste directo más importante, y además está muy influenciado por la geopolítica dada nuestra escasez de producción y dependencia de terceros países. ¿Qué se puede hacer para reducir la factura de fertilizantes?

En primer lugar, hacer un balance correcto de las necesidades de cada cultivo. Este balance tiene que ser realista y estar basado en unas expectativas de cosecha que puedan producirse. Si se cuenta con una analítica de suelos, la planificación será más acertada, pero en todo caso debe tener en cuenta los siguientes aspectos:

  • Cultivo anterior y rendimiento obtenido. Ofrece información sobre la extracción de nutrientes que se ha producido.
  • No todos los cultivos tienen las mismas necesidades de nutrientes.
  • Rendimiento esperado. Utilizar la media de los últimos cinco años.

El elemento más importante en la fertilización es el nitrógeno, pero no debemos olvidar los problemas que nos puede generar el déficit o exceso de otros elementos. La unidad de nitrógeno es cara, por lo que debemos aportar justo lo necesario y además hacerlo de la manera correcta en tiempo y forma para evitar que se pierda dinero hacia el aire, o por el suelo, sin que sea aprovechado por las plantas.

Existen manuales y aplicaciones que ayudan a calcular las unidades de nitrógeno necesarias. Como hemos comentado anteriormente, para realizar el cálculo hay que tener en cuenta varios aspectos, pero de manera muy general, una referencia para producciones de trigo o cebada de unos 3.000 kg/ha, podría estar sobre las 85-90 kilos de nitrógeno. Para hacer un cálculo correcto, es necesario conocer la riqueza en nitrógeno de cada tipo de abono.

Por otro lado, es importante la diversificación. En aquellas zonas en las que existe disponibilidad de fertilizantes orgánicos, suponen una buena alternativa a los fertilizantes minerales. Es necesario dedicarle un tiempo a conocer el producto que se utiliza en la explotación, características, contenidos en nutrientes, etc.

Además, en la actualidad se está produciendo el desarrollo de unos productos conocidos generalmente como bioestimulantes. En este caso es necesario tener un asesoramiento externo sobre la conveniencia en cuanto a su uso. Hay que entender para qué sirven y cómo pueden mejorar el rendimiento económico de la explotación. No son la solución a todos los problemas, pero pueden ayudarnos a mejorar nuestra gestión.

Arrendamiento. El tamaño medio de las explotaciones de cereales está aumentando, por un lado, por la reducción del número de agricultores y, por otro, por la necesidad de un mayor dimensionamiento y optimización de los recursos. Pero este proceso de dimensionamiento debe hacerse con mucho cuidado y teniendo en cuenta el coste que tiene.

El precio de la tierra no para de subir, en gran medida por el efecto de las ayudas de la PAC, y en muchos casos la escasa rentabilidad de los cultivos no es capaz de asumir el coste de la tierra. En este punto cabe hacer una reflexión y es cómo es posible que la renta de una hectárea de cereal de secano no deje de subir cuando la rentabilidad de este cultivo está en mínimos históricos. En nuestra opinión, se trata de un aspecto no menor de la cuenta de resultados que hay que vigilar y referir a la rentabilidad real del cultivo en cada zona.

Maquinaria. Este coste tiene dos partidas diferenciadas. Por un lado, el coste directo que sale del bolsillo cuando se paga el gasoil, un repuesto o una reparación, y por otro la amortización del tractor, la sembradora, o cualquier otro apero. Las inversiones en maquinaria deben tratarse con mucho cuidado, porque una situación adversa de sequía, o precios hundidos del cereal, puede generar una enorme tensión en lo relativo al pago de esa amortización.

Artículo publicado originalmente en la revista La Tierra de la Agricultura y la Ganadería Nº 305

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