Por Javier Díaz, presidente de AVEBIOM.
El campo español está acostumbrado a resolver problemas complejos con recursos limitados. Produce alimentos, mantiene actividad en los pueblos, gestiona territorio y soporta cada vez más exigencias ambientales, económicas y administrativas. A la subida de costes, la volatilidad energética y la presión sobre los márgenes se suma un asunto que preocupa de forma creciente a agricultores y ganaderos: la gestión de purines, estiércoles, restos agrícolas y subproductos agroalimentarios.
Con ese telón de fondo, el biogás y el biometano han dejado de ser una tecnología lejana para convertirse en una oportunidad real para el sector agrario. No porque vayan a resolver todos los problemas, sino porque pueden ayudar a gestionar mejor recursos que ya existen en las explotaciones y en la industria agroalimentaria, transformándolos en energía renovable, fertilizantes de origen orgánico y más actividad económica en el medio rural.
La digestión anaerobia permite tratar purines, estiércoles, lodos y restos orgánicos para producir biogás. Ese biogás puede utilizarse directamente para generar calor y electricidad, o depurarse hasta convertirse en biometano, un gas renovable con características equivalentes al gas natural. El biometano puede inyectarse en la red gasista o emplearse en usos industriales y de movilidad.
Pero no basta con hablar de energía. Hay que hablar también de fertilización.
Cada planta de biogás genera, además del gas, un producto fundamental que es el digestato o digerido. A menudo tratado como un asunto secundario, en realidad puede marcar la diferencia entre una planta útil para el campo y otra que no lo sea. Una vez gestionado, el digerido contiene nutrientes, materia orgánica y agua recuperable. Puede aportar nitrógeno, fósforo, potasio y micronutrientes, y contribuir a reducir parcialmente la dependencia de fertilizantes minerales importados.
Un aspecto de gran importancia en un momento en el que los fertilizantes están en pleno debate en Bruselas. Su precio depende en gran medida del gas natural y de factores geopolíticos que el agricultor no controla. Por eso, a medio y largo plazo, recuperar nutrientes de purines, estiércoles y residuos orgánicos no es solo una cuestión ambiental: va a ser una cuestión de competitividad para las explotaciones.
No se trata de sustituir de golpe toda la fertilización mineral, sino de aprovechar mejor los nutrientes que ya tenemos cerca. El tratamiento del digerido puede permitir separar fracciones, concentrar nutrientes, mejorar la aplicación en campo y producir fertilizantes orgánicos más manejables y de mayor calidad. Ahí hay una oportunidad muy relevante para el campo en los próximos años.
La gestión de los restos y subproductos orgánicos está sujeta a una normativa cada vez más exigente. La digestión anaerobia ofrece una herramienta para mejorar la valorización de esos materiales. Puede estabilizarlos, reducir emisiones y olores, producir energía renovable y obtener un digerido más homogéneo, con nutrientes aprovechables para la fertilización.
Además, si los proyectos acreditan reducciones reales de emisiones, se abre la puerta a nuevos modelos de valor ligados a la descarbonización, incluidos esquemas de certificación o créditos de carbono, siempre que estén bien regulados y sean verificables. No será el argumento principal para una explotación, pero sí puede convertirse en un complemento interesante a medio plazo.
Para agricultores y ganaderos, la cuestión es participar desde el principio y exigir que el proyecto se plantee con sentido común: una ubicación adecuada, un tamaño razonable para los recursos disponibles, una logística bien organizada, control de olores, garantías ambientales y una gestión correcta del digerido. También es lógico que los vecinos quieran saber qué se va a instalar cerca de su pueblo, qué materiales va a tratar, cuántos camiones circularán y qué beneficios concretos quedarán en la zona. No basta con pedir confianza. Hay que dar información clara, escuchar desde el inicio y demostrar que la planta mejora la gestión de los recursos locales.
Algunos proyectos en España ayudan a entender mejor de qué estamos hablando. En Vila-sana, en Lleida, Porgaporcs II aprovecha residuos ganaderos para producir biometano e inyectarlo en la red. En Burgos, UNUE-Biogasnalia trabaja con residuos agroalimentarios y ha sido una referencia en la producción industrial de biometano con inyección a red. En Soria, la planta de Almazán muestra otra parte importante de la cadena: el tratamiento del biogás para mejorar su calidad y hacerlo aprovechable con garantías.
Son casos distintos, con escalas y materias primas diferentes, pero comparten la idea de que el valor no está solo en producir gas, sino en ordenar mejor recursos que ya existen en el territorio.
Una cita para conocer más sobre biogás, biometano y obtención de fertilizantes
Para agricultores, ganaderos, cooperativas e industrias agroalimentarias, este debate no debería verse desde la barrera. El campo tiene que participar desde el principio, porque es quien conoce las materias primas, las necesidades de fertilización, la realidad de los caminos, las distancias, las parcelas y los tiempos de trabajo.
Por eso merece la pena acercarse al 6º Salón del Gas Renovable y al 19º Congreso Internacional de Bioenergía, que se celebran en Valladolid el 29 y 30 de septiembre. Allí se reúnen empresas, técnicos, administraciones, centros de conocimiento y profesionales que ya están trabajando en proyectos reales de biogás, biometano y valorización del digerido.

Es una oportunidad para preguntar, comparar soluciones, conocer tecnologías, entender qué modelos pueden encajar mejor en cada territorio y ver cómo se están resolviendo cuestiones clave como la logística, los olores, el tratamiento del digerido o la relación con los vecinos.
El campo español ya produce alimentos y mantiene vivo el territorio. También puede ayudar a producir energía renovable y fertilizantes. La clave está en que esa oportunidad se traduzca en actividad económica, empleo y sostenibilidad para nuestros pueblos. Y para eso conviene estar informado, escuchar experiencias reales y participar desde el principio.
Sobre AVEBIOM
La Asociación Española de la Biomasa (AVEBIOM), constituida en 2004, reúne a los principales actores del sector de la bioenergía a lo largo de toda la cadena de valor de la biomasa. Su objetivo es promover el desarrollo del sector en España y contribuir a incrementar el consumo sostenible de biomasa con fines energéticos. Desde 2006 organiza Expobiomasa, la feria de referencia sobre bioenergía en España y una de las más importantes de Europa, y desde 2021 el Salón del Gas Renovable, que confía en convertirse en el evento clave para lograr el despliegue definitivo del biogás, el biometano y otros gases renovables en el país.









