La agricultura familiar y profesional: autonomía para Europa

Europa debe situar la agricultura y la alimentación en el centro de su agenda estratégica. Porque en un mundo incierto, apostar por la agricultura y la ganadería familiar es apostar por la autonomía, la seguridad alimentaria y por el futuro.

Luis Planas Puchades, ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación
13 de agosto de 2026
Imagen de explotación ganadera familiar

La agricultura y ganadería familiar se encargan del noble cometido de alimentarnos. Su historia es el mejor ejemplo de cómo resistir y adaptarse a los cambios. Hoy en día, su papel va mucho más allá. La inestabilidad geopolítica y los efectos del cambio climático han convertido al modelo familiar en una pieza clave en el contexto actual. Ya no se trata solo de producir alimentos, sino de garantizar nuestra autonomía, cuidar el territorio y saber reaccionar ante las crisis.

La situación es clara. La capacidad de producir alimentos de forma sostenible y próxima es un valor de primer orden que descansa, en buena parte, en las explotaciones familiares vinculadas al territorio. En los últimos años, el sector ha demostrado su solidez para asegurar el suministro de alimentos de calidad, en cantidad suficiente, incluso en los momentos más difíciles. Esta fortaleza nace de su diversidad productiva, su competitividad y capacidad innovadora. La agricultura familiar y profesional es una de las referencias del futuro de la agricultura. Actualmente genera más del 80% de los alimentos del planeta y desempeña funciones ambientales esenciales como la captura de carbono, la conservación de la biodiversidad y la prevención de incendios con el uso de prácticas sostenibles.

Sostenibilidad con rentabilidad

La transición hacia sistemas productivos más sostenibles es irrenunciable, pero para que la sostenibilidad sea posible, las explotaciones deben ser rentables. No hay sostenibilidad, sin rentabilidad.

Para ello, se disponen de herramientas como la Ley de la Cadena Alimentaria para asegurar precios dignos al eslabón más débil: los productores. La ley está funcionando y hoy, agricultores y ganaderos, cuentan con un instrumento para reclamar una retribución digna de sus producciones.

La Ley de Prevención de Pérdidas y Desperdicio Alimentario, que acaba de cumplir un año este mes de abril, es otro instrumento clave para el sector. No solo es importante para evitar que muchos alimentos acaben en la basura y para darles una segunda vida, sino que es un modelo para concienciar a toda la sociedad sobre el valor de los alimentos y reconocer, con ello, el trabajo de agricultores y ganaderos.

En el actual escenario geopolítico, la apertura de mercados es clave para dar estabilidad. El contexto internacional nos obliga a diversificar destinos y reducir dependencias, por eso hay que destacar la relevancia estratégica de acuerdos como el de Mercosur, India, México o Indonesia con garantías reforzadas para los productores europeos.

Bajo esta visión de apertura y competitividad, España se ha consolidado como la cuarta potencia exportadora de la Unión Europea y la séptima del mundo, superando los 78.000 millones de euros en ventas exteriores el año pasado. Este liderazgo se apoya en la innovación y en una apuesta histórica por la modernización, que se refleja, por ejemplo, en los 2.700 millones de euros destinados a mejorar la eficiencia hídrica de 750.000 hectáreas de regadío que, sin duda, beneficia a los agricultores de muchas zonas de España.

Sin embargo, este esfuerzo no puede verse de forma aislada. La volatilidad de los mercados y el aumento de precios están tensionando la cadena alimentaria global, afectando con dureza a los países más vulnerables. Por ello, es imperativo reforzar una visión basada en la cooperación y el multilateralismo que permita abordar retos compartidos sin olvidar las realidades locales.

Una política común para un reto global

La Política Agraria Común (PAC) sigue siendo un elemento esencial para garantizar la seguridad alimentaria y asegurar un nivel de vida digno de agricultores y ganaderos.

La PAC que aplica España, a través de su plan estratégico, fruto de un exhaustivo análisis y diagnóstico, de multitud de reuniones con los principales agentes del sector y de un intenso trabajo en Bruselas, es más justa, más social y más sostenible. El objetivo no es otro que potenciar un sector agroalimentario estratégico en la economía nacional y para la ciudadanía, con la agricultura familiar y profesional en el centro de esta política.

Algunas de las novedades de esta PAC, el pago redistributivo, se perfiló para apoyar a la gran clase media del sector, pensando, sobre todo, en las pequeñas y medianas explotaciones. Una herramienta que ha logrado traducirse en un apoyo más equilibrado de estas. Por eso, España apuesta ya por una Política Agraria Común post 2027 con personalidad propia, desde el punto de vista jurídico e institucional, y con dotación financiera suficiente, a la altura de los desafíos que se avecinan.

A pesar de que todavía queda un largo proceso por delante, España tiene claro que uno de los aspectos que requiere de un apoyo claro y evidente es el relevo generacional. Para afrontarlo, el Gobierno propone destinar hasta el 10% de los recursos de la próxima PAC a la incorporación de jóvenes y mujeres.

Son el futuro del campo, por ello es tan importante que trabajemos sobre pilares fundamentales como la formación, la financiación y el acceso a la tierra a través de iniciativas como la plataforma “Tierra Joven”, que facilitará la difusión de oferta y demanda de tierras disponibles y mejorará la transparencia del mercado agrario, con especial atención a jóvenes, mujeres y nuevos profesionales

La agricultura familiar y profesional, además de producir alimentos, fija población y preserva la identidad rural. En este proceso, el papel de la mujer es decisivo. Las Naciones Unidas han declarado el año 2026 como el Año Internacional de la Agricultora, que debe marcar un punto de inflexión en su liderazgo, mientras avanzamos en una futura Ley de Agricultura Familiar y Profesional que garantice la viabilidad del sector.

Europa debe situar la agricultura y la alimentación en el centro de su agenda estratégica. Porque en un mundo incierto, apostar por la agricultura y la ganadería familiar es apostar por la autonomía, la seguridad alimentaria y por el futuro.

Nos enfrentamos a grandes retos que exigen estabilidad, compromiso y respuestas firmes. Una de ellas pasa por reconocer y reforzar el papel de quienes, cada día, hacen posible algo tan básico, fundamental y necesario como nuestra alimentación. Los pequeños agricultores y ganaderos, la gran clase media del sector, deben estar en el centro de nuestras políticas.

Artículo publicado originalmente en el Anuario de la Agricultura y Ganadería Familiar 2026.

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