Casi 20 millones de personas viven en el medio rural español y las cifras demuestran que alrededor de un tercio de la población de nuestro país se dedica a ello. Sin embargo, el mundo agrario y su realidad quedan habitualmente fuera del flujo principal de conocimiento, información y debate, sumiendo a los habitantes de los pueblos en una invisibilidad que nos perjudica a todos.
España es un país de recursos, y desde la concepción económica clásica la tierra aparece como un elemento clave que aporta beneficios a la sociedad y que, de hecho, es imprescindible para su correcto funcionamiento y desarrollo. Debemos ser conscientes que el 90% del territorio español, es decir 450.000 kilómetros cuadrados, es rural. Un recurso de primer orden que está en nuestras manos gestionarlo adecuadamente.

Agricultura y ganadería, actividades económicas sostenibles
El concepto de sostenibilidad, tan manido hoy en día, alcanza un grado significativo al hablar de las actividades del sector primario, fundamentalmente la agricultura y la ganadería. Son actividades íntimamente ligadas al territorio, y no es posible (ni tampoco rentable) someterlas a procesos de deslocalización.
El desempeño de la actividad agrícola y ganadera pone en valor uno de nuestros principales recursos: el territorio. Además, nos permite crear puestos de trabajo en zonas donde el tejido industrial o de servicios no es tan demandante de mano de obra como en las zonas urbanas y periurbanas.
El carácter estacional de la actividad agraria debe ser manejado con inteligencia y con coherencia. Es un hecho connatural a la agricultura la existencia de una gran variación en las necesidades de fuerza de trabajo entre unos y otros momentos del año, por lo que las Administraciones deben garantizar los derechos de los trabajadores y trabajadoras con medidas de apoyo.
El mantenimiento de unas condiciones de trabajo adaptadas a los máximos estándares de seguridad y de bienestar en el trabajo es también otro de los principales retos a los que debemos hacer frente. Animo a los empresarios del sector a seguir apostando por la prevención de riesgos laborales y por la aplicación de las últimas mejoras tecnológicas que permitan reducir la dureza inherente a esta actividad.
Mejoras tecnológicas que, no obstante, se deberán aplicar y asumir con cabeza y lógica. Recientemente hemos visto cómo algunas marcas de maquinaria presentaban prototipos de tractores que funcionan sin conductor, evidenciando su voluntad de trabajar en la línea de la reducción de mano de obra. Una tendencia que ya hemos podido observar en otros sectores de la economía.
Sin embargo, y aunque algunas tareas agrícolas sí han sido paulatinamente tecnificadas y mecanizadas reduciendo notablemente la necesidad de mano de obra e incrementando la productividad, hay muchas otras que siguen dependiendo de la fuerza de trabajo humana. Actualmente, la delicadeza necesaria en el manejo de algunos productos o la necesidad de tomar decisiones marcan la diferencia con todos los sistemas mecanizados.

El reto de la despoblación
Estamos convencidos que donde hay agricultura y ganadería hay vida. De hecho, en esas zonas se consigue frenar la despoblación, un fenómeno muy preocupante y sobre el que toda la sociedad debería estar mucho más concienciada. El despoblamiento de las zonas rurales supone un incremento de las desigualdades y los desequilibrios entre regiones y comarcas. La agricultura y la ganadería generan a su alrededor una gran necesidad de actividades paralelas en sectores como servicios e industria. Está demostrado que las comarcas y localidades en las que la actividad primaria se desarrolla con fuerza, la población no se reduce. De hecho, en algunos casos llega a incrementarse y son más los negocios que abren que los que cierran.
Desde la UGT somos conscientes de la situación de brecha existente entre el mundo rural y el urbano. Es por ello que reivindicamos con fuerza una aplicación, en igualdad, de las políticas sociales y de servicios, como la educación, la sanidad y la dependencia, sin olvidar también las políticas de infraestructuras. No es admisible, en un país como el nuestro, que por el hecho de vivir en un pueblo el acceso a estos servicios sea mucho más difícil que en una ciudad.
No pueden existir ciudadanos de primera y de segunda, y la lucha por la igualdad debe ampliarse también a la existente entre todos los habitantes independientemente de las características del lugar donde residan.
El consumidor activista
Los agricultores y los ganaderos de nuestro país producen alimentos para proveer a toda la sociedad, siendo el primer eslabón de una larga cadena que constituye uno de los principales sectores económicos. Cabe recordar que la industria agroalimentaria es la de mayor peso en España. Es por ello interesante analizar lo que está ocurriendo en el que sería el final de la cadena, los consumidores y las consumidoras.
Cada día somos más conscientes de la importancia de nuestros actos de compra como comportamientos políticos. El consumidor activista, en mayor o menor medida, es una figura que está aumentando considerablemente en los últimos tiempos. Los agricultores y los ganaderos, y también las industrias agroalimentarias, no pueden ser ajenos a esta realidad que influye y marca los millones de actos de compra que se producen diariamente en nuestro país.
El mensaje lanzado por las organizaciones sindicales como UGT y UPA en defensa del modelo de producción de alimentos existente en España (basado en pequeñas y medianas explotaciones de carácter familiar) ha calado en la opinión pública como elemento que genera orgullo. Cabe destacar que este hecho no sucede en todos los países, y es por ello que debemos felicitarnos por el trabajo realizado.
España ha pasado en los últimos 60 años de ser un país que vivió un éxodo rural y el consiguiente desprecio de todo lo que oliera a pueblo (considerado rancio, antiguo y propio de otras épocas) a vivir un boom del turismo rural y una verdadera pasión por los alimentos de temporada y cercanía. Así pues, está en nuestras manos aprovechar estas corrientes de la sociedad actual.
El futuro de la agricultura y la ganadería

En UGT estamos convencidos que la agricultura y la ganadería en España son hoy actividades modernas, sostenibles y con un gran futuro por delante. Sin embargo, para que ese futuro sea posible y esa sostenibilidad sea real, es imprescindible que los productores perciban un precio justo.
Las Administraciones no pueden ser ajenas a tal reto, y por ello iniciativas legislativas como la Ley de la Cadena Alimentaria deben ser reforzadas en aras de lograr el fin de los abusos de determinados operadores e intermediarios que en ocasiones incrementan artificialmente el precio de los productos sin generar ningún valor añadido.
Prácticas como las ventas a pérdidas o las ventas a resultas, así como la falta de contratos por escrito en las operaciones de compraventa de productos, deben ser perseguidas e impedidas por las autoridades al suponer un fraude para los productores y un abuso para los consumidores.
Desde la Unión General de Trabajadores, así como desde nuestra federación estatal UPA, seguiremos trabajando para dar a la agricultura y a la ganadería la importancia que realmente merecen.









