“¿Por qué no podemos poner el precio a nuestros productos si somos nosotros quienes los cultivamos?”

Mercedes González Fernández y José Esteban Pérez Pérez. Productores de tomates y sandías en invernadero. El Ejido (Almería).

Mercedes nació en Adra, en el seno de una familia de agricultores. Allí conoció a Esteban. Hace 22 años dejó su trabajo y se incorporó a los invernaderos de su marido. Desde entonces gestionan juntos la explotación, que se encuentra en El Ejido (Almería). En sus invernaderos pasan prácticamente el día entero. Esteban es el primero en llegar a la explotación, mientras que Mercedes se incorpora tras dejar a su hija en el colegio. Orgullosos de su profesión y de la calidad de sus productos, trabajan como un equipo y siguen sin asumir las dificultades para conseguir precios justos.

¿Cómo organizáis vuestro trabajo en los invernaderos?

Esteban: Somos un equipo. Mientras yo me responsabilizo del riego, el sulfato, quemar el abonado, etc., Mercedes se centra más en el papeleo de los trabajadores y en la parte más administrativa.

Mercedes: En la alhóndiga, por ejemplo, mientras mi marido carga los tomates, yo los vendo. En un invernadero se gestionan muchas cosas y entre dos, repartiendo las tareas, todo va mejor. Lo mismo pasa con la casa, cada uno va haciendo lo que puede sin necesidad de que ninguno se lo diga al otro. La gente siempre nos pregunta cómo nos llevamos tan bien. Él me quiere y yo le quiero, así que lo mejor para él es también lo mejor para mí.

Lleváis mucho tiempo con este invernadero y habéis realizado una gran inversión, ¿tenéis relevo para la explotación?

Mercedes: Mi hijo está estudiando ingeniería informática y a mi hija le gustaría ser notaria. Tendrán sus trabajos, pero a ellos les gusta el campo y se encargarán de los invernaderos. No les va a resultar fácil compaginar sus trabajos y los invernaderos. Mi marido a veces les dice que los venderá y ellos dicen que no, que se encargarán de la explotación.

Nuestros hijos llevan viniendo aquí desde pequeños, les gusta mucho el campo y no quieren que esto se pierda. Son niños con buenas notas y unas capacidades de aprendizaje muy altas; están decididos a estudiar y nosotros les animamos, pero el campo también es parte de sus vidas.

Los invernaderos con su estructura, sus plásticos, los tubos, las feromonas, etc., ¿podéis explicar todos los costes de producción que tiene un tomate?

Esteban: Esta estructura tiene mucha inversión, unos 150.000 euros, sin contar el suelo. Cada año, el estiércol de ganado son 19 camiones, cerca de 13.000 euros.

Mercedes: Para conseguir que estos tomates sean grandes necesitamos aproximadamente 40.000 euros de inversión. La mano de obra de los tomates se lleva unos 33.000 euros, sin contar lo nuestro. Normalmente, hacemos balance cada tres campañas, teniendo en cuenta los plásticos, el estiércol, desinfectantes, mano de obra, etc.

¿Alguna vez en 23 años de trabajo has sentido que la gente no os vea como un equipo, sino que vean un capitán y una trabajadora?

Mercedes: Sí, sobre todo a la hora de vender. Pero me he abierto camino. Cuando la partida de tomates sale, mi marido está descargando para abreviar tiempo. Yo me coloco al lado de los tomates y soy su boca y sus pies. Al principio, los compradores no me veían ni me escuchaban, pero un día les dije: “Mira, la dueña de los tomates soy yo”. A partir de entonces me abrí camino y empezaron a mirarme de otra manera.

Ojalá más mujeres se animaran porque hacen falta en el campo. Además, ya no es como era antes. Cuando iba a la alhóndiga, recuerdo que mi suegra me decía que no me luciese tanto y yo le respondía que no iba a lucirme sino a vender mi producto.

¿Cómo ahorráis agua? ¿Qué habéis ido cambiando a lo largo de los años para ahorrar?

Esteban: Gastando lo justo y necesario para la planta. Tenemos el sistema de goteo que va por goma y cada una tiene un gotero para cada mata. Además, tenemos sensores conectados directamente a una aplicación móvil. Sin embargo, el mejor sensor es mi dedo. Yo escarbo y según la humedad que tenga la tierra, se abre o se cierra la llave.

Mucha inversión y mucha formación, ¿cómo accedéis a esta formación tan específica?

Mercedes: Cada vez que sale algún curso o conferencias, intentamos ir. Durante el cultivo de tomate, desde julio hasta enero, no podemos ir a muchos sitios. Sin embargo, con la sandía a partir de febrero, todo lo que pueda informarnos sobre variedades, insectos, etc., nos apuntamos. Gracias a UPA hemos accedido a muchos cursos. También con FADEMUR, como el acto que se organizó en Almería, que me gustó mucho y me llevé a mi niña. Allí conocí a muchas mujeres como yo, fue muy interesante charlar con todas ellas.

¿Conocéis alguna familia que tenga algún miembro que no se dedique a la agricultura o a actividades relacionadas con el campo?

Mercedes: No, no conozco a ninguna familia aquí en Almería. Ya sea en un almacén de abono, insecticidas, a producir tomates, envasándolos o vendiéndolos. Si la agricultura funciona, la economía va bien y, en consecuencia, en la construcción hay más inversión. Antes esto no era así. Mi padre tuvo que emigrar a Alemania porque aquí no había trabajo. Sin embargo, yo no me imagino dejando Almería. No nos gustaría tener que dejar nuestra tierra. Nos gusta mucho nuestro trabajo. Dejar todo esto aquí e irnos supondría un dolor muy grande, casi insoportable.

En los invernaderos hay muchos insectos que benefician a las plantas, ¿cuáles tenéis aquí?

Mercedes: Aquí tenemos Nesidiocoris. Es un chinche que se come los huevos y larvas de la Tuta absoluta y la mosca blanca, evitando así que se reproduzcan. Esto nos permite no tener que echar tantos químicos.

¿De qué estáis más orgullosos?

Mercedes: De todo. Nuestra vida, nuestro trabajo. Yo miro mis tomates y se me olvidan los problemas. Cuando entro a mi invernadero y lo veo todo bien, me da alegría. Todo lo hacemos lo mejor que podemos. Tenemos productos que no hay en otros sitios, a nivel de sabor, calidad, poscosecha… Almería es sinónimo de calidad y perfección.

Esteban: Estando la familia bien, la plantación bien y que podamos seguir vendiendo, no necesitamos más.

Mercedes: Nosotros no nos cansamos. Lo que nos da mucha tristeza son nuestros compañeros, por ejemplo, los del calabacín a cuarenta céntimos. No hay que dar lugar a eso. El intermediario tiene que defender nuestros intereses. La diferencia de precio desde el productor hasta el punto de venta no puede ser tan grande, cuando los agricultores no percibimos ese precio. Y encima vendiendo productos de mala calidad. Los supermercados y grandes superficies deberían pactar los precios directamente con nosotros ¿Por qué no podemos poner el precio a nuestros productos si somos nosotros quienes los cultivamos?

Entrevista publicada originalmente en la revista LA TIERRA de la Agricultura y la Ganadería número 291.

Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.