Presente y futuro para la agricultura familiar

Mis reflexiones no van a ir acompañadas de números ni de cuadros, sino que van a ser impresiones y posiciones que entiendo condicionan mucho la evolución de los números.

A nadie se le oculta que el abandono de la agricultura familiar y el mundo rural, el envejecimiento de su población, la debilidad de las estructuras tanto públicas como privadas que predominan en la misma o el poco atractivo que ofrece a los jóvenes son realidades elocuentes y cuantificables.

La cuantificación es necesaria y debe asumirse para analizar tanto la evolución como los objetivos, y es una responsabilidad de las organizaciones y de la Administración.

Dicho lo anterior, vamos a adentrarnos en esta realidad agraria y rural.

En toda actividad humana un buen presente facilita el futuro, aunque no lo garantiza. Un mal presente dificulta el futuro y lo anula si no se corrige y no se incide sobre él.

En ambos casos hay que actuar adecuadamente para que hablemos de un futuro digno y sostenible.

Cualquier actividad humana con futuro debe de ofrecer una satisfacción a sus hacederos que les anime a continuar y desarrollar la actividad. En otro caso viene el repliegue y el abandono.

Sin nos referimos en concreto al agricultor familiar, este debe tener satisfacción por su modo de vida, por las condiciones laborales en que ejerce su actividad y por los rendimientos económicos que obtiene. Si no se obtienen resultados suficientes en dichos aspectos y comparativamente con el entorno, el agricultor y su familia tenderán a un abandono de su actividad y posiblemente del medio rural a medio plazo.

El agricultor familiar debe estar asimismo abierto a la innovación y a la mejora para alcanzar lo antedicho, y el marco asociativo e institucional que le rodea, debe impulsar y propiciar esa evolución. Estamos refiriéndonos a la necesidad de un esfuerzo coordinado y compartido que nace y se desarrolla en un compromiso firme de todos con el futuro.

Todo lo anterior precisa asimismo de una asunción profunda por parte de los agricultores y sus asociaciones de un modelo de trabajo y de vida que los dignifique.

El conjunto de la sociedad debe interiorizar que la función alimentaria y de preservación de los recursos naturales que realizan los agricultores familiares es digna de la máxima consideración. Quien más compromiso cuenta con la sostenibilidad que representa la alimentación y el medio natural es la agricultura familiar, y de ello debe de ser consciente el conjunto de la sociedad.

Todo lo anterior está asimismo condicionado por el marco global en el que se mueve actualmente la agricultura familiar.

La incidencia que tienen en el sector agrario, y en el comercio local, el comercio agroalimentario internacional y los grandes canales de distribución exige a las organizaciones de la agricultura familiar un conocimiento y seguimiento preciso de los mismos.

Las condiciones tan desiguales en las que se producen y comercializan los productos agroalimentarios y la consideración de productos “gancho” que sufren muchas veces los mismos, hacen que los precios obtenidos por los agricultores resulten con demasiada frecuencia insuficientes o ruinosos.

La inestabilidad e incertidumbre hacen muy difícil la situación del agricultor familiar y ello dificulta todos sus planes y apuestas de futuro.

La apuesta por el producto propio o de proximidad y el impulso de los mercados y el comercio local pueden y deben contribuir a paliar las dificultades, y por ello hay que posibilitar su desarrollo, aunque conscientes de que nunca resultarán una solución global ni suficiente.

Hay que actuar necesariamente sobre los mercados globales y aquí es precisa y necesaria la política pública. No pueden campar a sus anchas ni el gran comercio agroalimentario ni la gran distribución. Deben darse normas de defensa de las agriculturas locales en lo que respecta a los precios de los productos importados, así como en la adquisición de productores familiares locales.

Un mercado libre tan desigual produce más problemas que los que soluciona y los poderes públicos deben, cuanto menos, garantizar el equilibrio y la justa convivencia. La ley del más fuerte no tiene fin y nunca es justa. No produce más que situaciones explosivas e insostenibles. Con el equilibrio y la convivencia a la larga ganan, ganamos todos.

Retos del futuro de la agricultura familiar

El futuro es complejo y son muchos los factores que van a incidir en él. Solo vamos a poner el acento en algunas actitudes y opciones que ejecutadas con determinación nos van a mostrar las soluciones.

Para poder adaptar y reestructurar la agricultura familiar a las nuevas circunstancias y posibilidades adquieren especial relevancia las personas y sus organizaciones. Son el centro de todo el análisis y de los planes de futuro. Y esto adquiere especial importancia tratándose de los jóvenes.

Aunque suene a obvio, podemos afirmar que no hay futuro sin jóvenes y que además el mismo debe de afrontarse con equidad de género.

Los retos y las soluciones vamos a identificarlos en tres grupos:

  • Formativos.
  • Económicos.
  • Sociales.
  1. No se puede abordar el futuro sin una juventud bien formada. La formación da seguridad en uno mismo y es necesaria para cualquier proyecto de futuro. La apuesta por la formación debe ser una prioridad para las personas, para las organizaciones y para la Administración, y se le debe dedicar el máximo de esfuerzos.De la formación vienen la innovación y la mejora, y ello obliga a que la misma sea permanente y continua. Nunca se termina de aprender y mejorar, y la formación debe de ser de la máxima calidad. Las buenas inercias pueden servir un tiempo, pero a la larga resultan insuficientes y debemos estar preparados para mejorarlas.

    La agricultura familiar solo tiene futuro con los jóvenes más capaces y mejor formados. No solamente formación técnica productiva, sino una formación global que les permita desarrollar en su complejidad todas las facetas de su actividad y realizarse a sí mismos en la sociedad que les rodea. Solamente los bien formados tienen un futuro en la agricultura familiar.

  2. En el aspecto económico es indiscutible que el éxito depende en gran manera del buen hacer, pero en agricultura esto muchas veces no es suficiente, porque la inestabilidad e incertidumbre externas pueden llevar al traste a los mejores proyectos.Las políticas comerciales y de producto son la base para que la agricultura familiar vea compensado su trabajo y esfuerzo por unos precios que dignifiquen su producto y su trabajo con la obtención de unas rentas justas.

    La agricultura familiar realiza asimismo importantes aportaciones al medio natural, al equilibrio territorial, al medio ambiente o a la cultura, y todo ello no es abonado por el mercado y la sociedad debe compensarlo por otros medios.

    En una apuesta de futuro los jóvenes deben encontrarse con reglas del juego claras y unos poderes públicos que velen por ellas. La estabilidad y certidumbre económica total no existe, pero no puede ser tratado el tema con resignación sino con compromiso.

  3. En la vertiente social, el prestigio social de la agricultura por su contribución a la seguridad alimentaria y a la conservación del medio natural debe ser un factor que haga atractivo a los jóvenes pertenecer a ese colectivo prestigioso socialmente y todo el mundo debe contribuir a que así sea.El ambiente social reinante no es el más favorable. Priman el dinero, la comodidad, el ocio, la seguridad del empleo, etc. Y el aprendizaje y el inicio de una actividad de pequeño empresario en el sector agrario deben de ser suficientemente estimulantes y atractivos para que los jóvenes se queden o se lancen a ella. Debe primar y prevalecer lo positivo de la misma, frente a otras opciones sociales más dependientes. Debe de ofrecer un modo de vida digno y equiparable al del entorno.

    La sociedad debe de propiciar que los agricultores familiares se sientan importantes como productores de alimentos, como cuidadores del medio ambiente o como mantenedores del paisaje y del equilibrio territorial. Su contribución es determinante para toda la sociedad y así debe ser valorada.

    Hay que sentir e impulsar un orgullo sano de ser agricultor y de morar y mantener el medio rural y natural en condiciones óptimas y sostenibles. Pero esa autoestima y consideración no son posibles si no se dota al mundo agrario y al medio rural de unos servicios equiparables al medio urbano en educación, salud, infraestructuras y otros servicios sociales, y en esto, la apuesta de lo público debe ser un tema de consenso global. Me atrevo a afirmar que, a medio y largo plazo, el euro invertido en el medio rural es el más rentable para el conjunto de la sociedad y es por ello que se precisa de recursos suficientes para hacerlo.

 

Apuesta y compromiso de futuro para la agricultura familiar

Cualquier iniciativa en pro de la agricultura familiar debe seguir un guion que debe ser útil para sí misma, para cualquier otro colectivo y para el conjunto global.

La agricultura familiar no puede ni debe ser el último refugio laboral y de vida para que los jóvenes la acepten con resignación, sino una opción atractiva y estimulante para sus vidas.

Para ello debe de realizarse un buen diagnóstico de los problemas existentes, que son muchos, muy complejos y están interrelacionados. El abordarlos con una buena priorización es el comienzo de la solución de dichos problemas. Cuanto más consensuado esté el diagnóstico, mejor y más fácil será la solución. El modelo participativo y dialogado es condición sine qua non para avanzar en la buena dirección y con eficacia. La dinámica social precisa de investigaciones, estudios, conferencias y debates, y que de todo ello lleguen los diagnósticos susodichos.

Lo anterior a veces abunda, aunque realizado con más o menos acierto o sin excesiva participación de los principales implicados, pero es demasiado común que de ello no se deriven medidas ni planes para abordar los retos diagnosticados.

Es por ello imprescindible pasar con determinación a la segunda fase, que consiste en elaborar y ejecutar planes y programas asimismo participativos, que deben ser continuamente elaborados y corregidos o confirmados.

Son asimismo pilares básicos e imprescindibles la determinación y el compromiso con el desarrollo del sector agrario en todas sus vertientes para que las políticas públicas tengan los efectos deseados. Un sector agrario bien organizado y con apoyo, y unas políticas eficientes son elementos que permitirán un futuro esperanzador y halagüeño. Finalmente, la dotación de recursos humanos y materiales suficientes para los distintos programas posibilitará que se produzca el desarrollo anhelado.

Las políticas deben responder a las realidades concretas y locales y no deben de diseñarse en función de las ayudas genéricas y globales que se establezcan en estamentos exteriores y lejanos a cada realidad. En muchos casos, los planes se hacen para ajustarse a las directivas que contemplan las ayudas y no necesariamente para atender prioritariamente los problemas detectados.

Todo lo anterior debe acarrear políticas públicas a todos los niveles: local, regional, nacional o supranacional, y ello debe de ambientarse en un clima favorable.

Es por tanto necesario trabajar en la fabricación de consensos con actitudes incluyentes para que las sinergias permitan la optimización de todos los esfuerzos y recursos.

En la comunidad internacional comienza a cuajar la necesidad de continuar con procesos iniciados en años anteriores, traduciéndose todo ello en una Década de la Agricultura Familiar declarada por la Asamblea General de las Naciones Unidas, década que vendría a complementar la de la nutrición que ha sido declarada recientemente.

 

Bases para una Década de la Agricultura Familiar

El esfuerzo continuado desde el año 2008 hasta el 2011 de las organizaciones agrarias, rurales y sociales de más de sesenta países de los cinco continentes, impulsados y coordinados por el Foro Rural Mundial-FRM, logró que la comunidad internacional, a través de la FAO, el FIDA y la ONU, pusiera en la agenda mundial a la agricultura familiar a través de declarar el año 2014 como Año Internacional de la Agricultura Familiar.

Las incertidumbres que manifiesta el modelo de agricultura que tradicionalmente ha alimentado al mundo y cuidado de la naturaleza y de su equilibrio, mezcladas con el ensueño que han creado a través de la publicidad y su poderío e incidencia muchas corporaciones alimentarias de que son capaces de producir suficientes alimentos para alimentar al mundo, han llevado a una parte de la opinión pública y, sobre todo, a muchos gobiernos e instituciones multilaterales a considerar a la agricultura familiar como un modelo del pasado.

Las grandes corporaciones agrarias y alimentarias persuaden a los gobiernos de que presten su colaboración para crear las condiciones que les posibiliten actuar en el sector alimentario sin cortapisas.

La atención a dicha demanda lleva a muchas instituciones a un callejón sin salida, ya que nunca se crean las condiciones de mercado adecuadas para que llegue el alimento a todos los habitantes del planeta y ello lo justifican en que han tenido cortapisas limitantes.

El comercio “liberalizado” puede ser más o menos eficiente en la producción y distribución alimentaria, pero nunca podrá garantizar la seguridad alimentaria ni el acceso a los alimentos del conjunto de la población.

Es innegable que el modelo de la agricultura familiar tradicional ha de hacer cambios y mejoras, pero su conocimiento del medio y su compromiso con él, le llevan a ser la única agricultura sostenible en el tiempo.

El AIAF-2014 trajo consigo muchas reflexiones y debates sobre los principales retos que tiene este modelo tradicional de agricultura y la asunción de que estamos ante un modelo de claro futuro, siempre y cuando se aborden adecuadamente los retos ya identificados y consensuados.

La premisa fundamental radica en que el agricultor y su familia tienen el derecho a disfrutar una vida digna y equiparable a la de su entorno y el futuro de la agricultura familiar no es asumible en base a unas condiciones precarias e insuficientes.

Partiendo de la premisa anterior, nos hallamos ante una realidad tanto agrícola como familiar muy heterogénea.

Ello hace que resulte difícil determinar o caracterizar lo que puede o no ser considerado como agricultura familiar.

Está claro que el limite debe ser un trazo gordo, ya que las realidades son tan dispares que un trazo fino llevaría a la inclusión o exclusión a muchas explotaciones familiares en función de las características generales del entorno agrícola de cada región o país, así como lo que determina el tipo de producto al que se dedica la agricultura familiar.

La Década debe ser un proyecto ampliamente compartido y sus bases y desarrollo la establecerán fundamentalmente los comités nacionales, subnacionales o regionales que trabajen en su diseño y ejecución, así como los organismos internacionales que se involucren en la tarea.

Más de cuarenta comités nacionales están trabajando en los planes plurianuales que desarrollarán cada uno en su ámbito.

Hasta el momento hay un consenso amplio sobre los tres temas prioritarios que abordará la Década, como son: juventud agraria y rural y su futuro; directrices globales para unas políticas adecuadas de desarrollo agrario y rural, y un trabajo conjunto entre los centros de investigación agraria, la academia, los centros de asistencia técnica y los agricultores familiares y sus organizaciones.

El camino emprendido es ambicioso, pero al mismo tiempo ilusionante y la meta a alcanzar justifica todos los esfuerzos: alimentar al mundo cuidando el planeta. 

Artículo original publicado en el Anuario 2016 de la Agricultura Familiar de la Fundación de Estudios Rurales

Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.