A grandes males, grandes remedios
Hay un viejo dicho de funcionarios que, con cierto sarcasmo, dice que cuando hay un problema con proyección social y difícil solución, en la Administración lo más fácil es crear un grupo de trabajo o montar una mesa para que analice el asunto y entretenga a los colectivos afectados, sin mucha intención de hacer nada concreto, generando expectativas que finalmente no se cumplen y, en definitiva, provocando frustración.
Experiencias de este tipo tenemos muchas en el sector agrario. Y así nos está volviendo a pasar este año con la llamada Mesa de la Sequía, que en realidad es una mesa de adversidades climáticas, porque además de falta de agua están también sobre la mesa las consecuencias de las heladas tardías y las tormentas de final de primavera y principio de verano.
La cuestión es que el Gobierno siente y tiene la responsabilidad de hacer algo. Porque la actividad agraria, como ninguna otra, está muy condicionada por el clima y en circunstancias excepcionales, como las de este año, no basta con el manido argumento de los seguros agrarios, con los cuales nadie está más comprometido que nosotros, las organizaciones agrarias como impulsoras y en parte gestoras del sistema, y los propios profesionales de la agricultura y la ganadería. A fin de cuentas, los seguros son garantía de nuestras rentas.
Conscientes de su responsabilidad, eso sí, los altos cargos del Ministerio de Agricultura convocan la Mesa de la Sequía y cubren el expediente según su propio criterio, pero no llegan al fondo del problema ni asumen la evidencia de otro viejo dicho popular: a grandes males, grandes remedios.
Por eso en UPA pensamos que no sirve de nada ofrecer avales para créditos ni supuestas mejoras fiscales sobre rendimientos que no se van a obtener. No es suficiente. Necesitamos un verdadero compromiso político con los sectores y territorios más afectados. Hacen falta ayudas directas, exenciones en la Seguridad Social, no exigir el coste fijo de la electricidad para riego cuando no se va a regar, exenciones fiscales y mejoras en los seguros agrarios, entre otras medidas.
Todo ello es posible y es viable. No supone un esfuerzo presupuestario inasumible y se justifica plenamente desde el interés general de toda la sociedad. Para defender estas propuestas y exigir soluciones de verdad, UPA está en las mesas y en la calle, con toda nuestra fuerza sindical.
Sin olvidar, por último, que este verano nos estamos enfrentando a una situación muy grave de incendios forestales, que son una de las consecuencias más dramáticas de la sequía y el abandono de muchas zonas agrícolas, de pastos y forestales. En UPA venimos denunciándolo desde hace años: la agricultura y la ganadería son la mejor prevención contra los incendios. Y ahora vuelve a quedar demostrado, una vez más. Los incendios son una tragedia colectiva, pero nosotros, los que vivimos y trabajamos en el campo somos las primeras víctimas del fuego.
Editorial del número 262 de la revista oficial de UPA: La Tierra del Agricultor y Ganadero.

