Del dicho al hecho
En el escaso plazo de un mes, entre finales de abril y de mayo, todas y todos nosotros estamos llamados a votar para renovar las instituciones democráticas, desde los ayuntamientos de nuestros pueblos a la Unión Europea, pasando por provincias, comunidades autónomas, el Gobierno de España y el Parlamento Europeo, del que saldrá también una renovada Comisión Europea.
En todos los casos está en juego mejorar nuestro presente y, sobre todo, garantizar nuestro futuro. Por eso es importante votar y tratar de influir al máximo desde las organizaciones sociales del mundo rural en los compromisos que asuman los partidos políticos en las campañas electorales.
Eso estamos haciendo desde UPA, conscientes de nuestra responsabilidad como organización que representa al colectivo mayoritario del campo español. Y lo hacemos con un objetivo claro: conseguir que el resultado final de toda esta amplia renovación de instituciones y gobiernos se traduzca de verdad en pasar del dicho al hecho.
En nuestro caso, corremos el riesgo de ocupar un pequeño rincón en el apartado de asuntos varios en los programas electorales. Además, sin grandes matices entre unas y otras alternativas políticas.
Porque, ¿quién no va a estar en contra del despoblamiento rural? ¿Quién no hablará a estas alturas de sostenibilidad? ¿Quién no va a mostrar su voluntad de favorecer la modernización del sector agrario, el relevo generacional o la promoción de alimentos de calidad? ¿Quién –incluso– no será partidario de garantizar los servicios básicos a la población rural? Todo ello, en apenas unas frases, lugares comunes, que no generen rechazo de nadie.
Pero esto no nos sirve. Necesitamos compromisos más concretos, con plazos y presupuestos, garantías firmes de que las buenas palabras se convertirán en hechos. Y hay mucho margen para ello. Empezando por las orientaciones que defiendan las comunidades autónomas y el Gobierno español para negociar la nueva PAC en Europa. Asumiendo a continuación, con claridad, que se puede y se debe hacer política agraria nacional y regional. Y gestionando con una doble visión transversal y sectorial todas las políticas que influyen en nuestro entorno.
Tenemos también la responsabilidad de convencer a toda la sociedad de que los problemas del mundo rural nos afectan a todos, rurales y urbanos. Que el despoblamiento es una tragedia y un fracaso colectivo, que garantizar la seguridad alimentaria nos incumbe a todos, que la igualdad entre hombres y mujeres requiere políticas específicas en el mundo rural, que tenemos el mismo derecho que todos a los servicios básicos: sanidad, guarderías, colegios, bancos, comercios, acceso a todos los recursos digitales, recursos para las personas mayores y dependientes…
Además de necesitar garantías para nuestros productos cuando los sacamos al mercado, con precios justos y un trato equilibrado; de sentirnos apoyados como generadores de empleo en nuestras explotaciones, incluida la presencia destacada de población inmigrante, y de ver reconocida en hechos concretos la valoración de la sociedad a nuestro trabajo en la agricultura y la ganadería, garantizando la tan manida sostenibilidad.
No somos héroes, ni queremos ser considerados como bichos raros. Somos ciudadanos y ciudadanas de primera, aunque vivamos en pueblos pequeños y dispersos por la geografía. Estamos orgullosos de ello. Y seguro que con nuestros votos conseguiremos marcar un rumbo mejor para nuestro futuro.
Editorial de La Tierra del Agricultor y Ganadero nº 272

