Quiero hacer una reflexión de como nos sentimos los agricultores de este país. En los últimos 20 ó 25 años hemos hecho un esfuerzo para adaptar nuestra producción a unos estándares de seguridad alimentaria, bienestar animal, protección del medio ambiente y de la biodiversidad sin parangón en el mundo. Me atrevo a decir que no se producen alimentos en ninguna otra parte del planeta con tanta seguridad en todo el proceso que va desde el agricultor hasta el consumidor, como se hace en España. Pasamos unos controles de calidad que nos ha llevado a ser líderes mundiales en tener alimentos seguros y con la certeza de que si se produce cualquier alarma alimentaria se localiza el foco en el momento y se evita cualquier problema sanitario debido a la exhaustiva trazabilidad a la que se someten nuestros productos.
Pues bien, seguimos viendo como se priorizan acuerdos económicos con países terceros en los que, a cambio de productos manufacturados, que dicho sea de paso no es España el país que más exporta dichos bienes, se importan ingentes cantidades de productos agrícolas. Y es en estas producciones donde no hay ese control que se nos exige a nosotros. Países en los que son habituales productos fitosanitarios que hace años se prohibieron en España y prácticas poco respetuosa con el medio ambiente.
Ante esta situación de indefensión que nos encontramos por parte de nuestros políticos, que poco hacen por revertirla y el consumidor que tampoco contribuye a potenciar nuestra agricultura consumiendo productos nacionales, se mira más el precio que la etiqueta. Solo me queda una cosa y es que, si entre todos no corregimos esta situación el campo español, como fuente de alimentos, lucha contra la desertización y contra la despoblación tiene los días contados. Trabajar e invertir esfuerzo y dinero y no tener a cambio una gratificación personal y económica, no es rentable.








