Sembrando futuro: jóvenes y mujeres en el campo

La agricultura y ganadería familiar son nuestras raíces y clave para mantener vivos nuestros pueblos. Sin embargo, el relevo generacional se ha convertido en el gran reto de nuestro tiempo: más de un 40% de quienes están al frente de una explotación agrícola o ganadera tienen más de 65 años.

Pepe Álvarez, secretario general de UGT
3 de agosto de 2025
Jornada de jóvenes agricultores organizada por UPA en 2024 en Sevilla. Autor: Diego Juste
Jornada de jóvenes agricultores organizada por UPA en 2024 en Sevilla. Autor: Diego Juste

La igualdad es otro pilar fundamental. Las mujeres rurales han sido y son el motor de este sector, aunque muchas veces en la sombra. Por lo que es necesario seguir apostando por la titularidad compartida, por la formación específica y por el liderazgo femenino en el sector agrario.

Hablar de agricultura y ganadería familiar en España es hablar de nuestras raíces, de la historia viva de este país y del trabajo incansable de miles de familias que han hecho del campo su proyecto vital. Es hablar de quienes mantienen vivos nuestros pueblos, cuidan el paisaje y garantizan los alimentos que llegan a nuestras mesas cada día. Pero también es hablar de la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos, la UPA, que es parte esencial de la UGT y de la lucha sindical por la justicia social, la igualdad y el futuro del mundo rural.

Hoy, la agricultura familiar está en un momento decisivo. Lo sabemos bien porque lo vivimos desde dentro, codo con codo, día a día. El relevo generacional se ha convertido en el gran reto de nuestro tiempo. Más de un 40% de quienes están al frente de una explotación agrícola o ganadera tienen más de 65 años. Los jóvenes que apuestan por el campo, por emprender y seguir la tradición familiar, apenas llegan al 5%. Y no es porque falte vocación o ganas, sino porque el camino está lleno de obstáculos: el acceso a la tierra es complicado, los precios no compensan el esfuerzo, la burocracia desespera y muchos pueblos siguen sin los servicios básicos que permitan conciliar la vida personal y profesional. Si a esto le sumamos que las mujeres rurales siguen encontrando más barreras que oportunidades, el panorama se complica aún más.

El impacto de los aranceles en la agricultura familiar

A estos desafíos estructurales se suman factores externos que agravan la situación, como la reciente imposición de aranceles por parte de la administración Trump a productos agroalimentarios españoles. Sectores clave como el aceite de oliva, el vino o los quesos podrían verse afectados con sus exportaciones a Estados Unidos, uno de sus principales mercados. Estos aranceles suponen un golpe directo a la rentabilidad de miles de explotaciones familiares, que dependen de la exportación para su viabilidad. La incertidumbre y la pérdida de competitividad internacional desincentivan aún más la incorporación de jóvenes y el mantenimiento de las explotaciones, agravando el problema del relevo generacional y contribuyendo a la despoblación rural.

Pero si algo nos define en UPA-UGT es que no tiramos la toalla. Sabemos que cuando la sociedad se une y pelea por lo que es justo, las cosas cambian. Y por eso, ahora que está sobre la mesa una Ley de Agricultura Familiar, no podemos conformarnos con palabras bonitas ni con promesas vacías. Es el momento de pasar a la acción. De mojarse de verdad. De exigir que la ley se traduzca en medidas concretas y valientes, que faciliten el acceso a la tierra y a la financiación, que reduzcan la burocracia, que garanticen precios justos y que apuesten por la innovación y la digitalización. Pero, sobre todo, que dignifiquen la vida en el campo. Que vivir en un pueblo no sea sinónimo de renuncia, sino de oportunidades y de orgullo.

Igualdad real: motor imprescindible del campo con futuro

La igualdad es otro pilar fundamental. Las mujeres rurales han sido y son el motor de este sector, aunque muchas veces en la sombra. Hay que apostar, sin medias tintas, por la titularidad compartida, por la formación específica y por el liderazgo femenino en el sector agrario. Si queremos un campo con futuro, tiene que ser un campo en igualdad.

No partimos de cero. Hay ejemplos que nos inspiran: jóvenes que han apostado por la agricultura ecológica, por la venta directa, por la transformación de productos en origen; mujeres que han impulsado cooperativas, redes y proyectos que dinamizan sus pueblos y abren nuevas oportunidades; iniciativas locales y autonómicas que, cuando cuentan con apoyo real, consiguen que el relevo generacional deje de ser una utopía y se convierta en una realidad.

Pero estos ejemplos, aunque valiosos, siguen siendo la excepción y no la norma. Si de verdad queremos cambiar las cosas, necesitamos un compromiso colectivo. El relevo generacional no es solo un reto del sector agrario, es un reto de país. Nos jugamos la alimentación, la biodiversidad, el equilibrio territorial y la justicia social. Nos jugamos el futuro de la España rural y, con él, el futuro de toda la sociedad.

Vamos a seguir peleando, como siempre hemos hecho, para que la agricultura y la ganadería familiar sean reconocidas, protegidas y apoyadas como merecen. Porque defender la agricultura familiar es defender el futuro de España. Es apostar por la igualdad, por la justicia social y por un país que no deja a nadie atrás. Por eso, exigimos políticas valientes que faciliten la incorporación de jóvenes y mujeres, que garanticen precios justos, que apuesten por la innovación y que dignifiquen la vida en el medio rural. Y exigimos también un compromiso claro de toda la sociedad: valorar lo que significa el trabajo de quienes producen nuestros alimentos, apoyar el consumo de proximidad y defender un modelo agrícola y ganadero sostenible y social.

No podemos permitirnos perder ni un minuto más. El relevo generacional es urgente. Es una responsabilidad de todas y todos. Y aquí no vale mirar para otro lado ni dejarlo para mañana. El campo nos necesita. Y nosotros necesitamos al campo.

Así que, sí: ha llegado el momento de mojarse. De pasar de las palabras a los hechos. De poner en valor a quienes, cada día, hacen posible que el campo siga latiendo. Porque sin relevo generacional, no hay agricultura familiar. Y sin agricultura familiar, no hay futuro para nuestros pueblos.

El relevo generacional: una cuestión de justicia y de país

El debate sobre el relevo generacional no es solo una cuestión sectorial. Es, ante todo, una cuestión de justicia social y de modelo de país. Si no somos capaces de garantizar que haya jóvenes y mujeres con ganas y posibilidades de quedarse en el campo, estaremos condenando a la España rural al abandono y a la desaparición. Y eso, sencillamente, no nos lo podemos permitir.

El relevo generacional exige una mirada amplia y valiente. No basta con facilitar la incorporación de jóvenes a la actividad agraria: hay que garantizar que puedan vivir dignamente de su trabajo, que tengan acceso a servicios, a vivienda, a conectividad y a una vida social y cultural plena. Hay que apostar por la innovación, la digitalización y la formación, para que el campo sea un espacio atractivo, moderno y lleno de oportunidades.

Pero, sobre todo, hay que dignificar la profesión agraria. Reconocer el valor de quienes producen nuestros alimentos, de quienes cuidan el territorio, de quienes mantienen vivas las tradiciones y la cultura rural. La agricultura familiar es mucho más que una forma de producir: es una forma de vivir, de relacionarse con la tierra y con la comunidad. Es un modelo que apuesta por la sostenibilidad, por la cercanía y por la responsabilidad social.

Medidas urgentes y valientes: pasar de las palabras a los hechos

Por eso, reclamamos medidas concretas y urgentes. Necesitamos un gran pacto de Estado por el relevo generacional en el campo, que implique a todas las administraciones, a las organizaciones agrarias, a los sindicatos y a la sociedad en su conjunto. Un pacto que ponga en el centro a las personas y que garantice el acceso a la tierra, la financiación, la formación y la innovación. Hay que apostar por la diversificación, por la transformación y comercialización en origen, por los canales cortos de venta y por la economía circular. Y, por supuesto, hay que garantizar la igualdad real entre hombres y mujeres en el sector agrario, impulsando la titularidad compartida y el liderazgo femenino.

No podemos olvidar la importancia de los servicios públicos en el medio rural. Sin escuelas, centros de salud, transporte público y conectividad digital, es imposible fijar población y atraer a nuevas generaciones. El reto demográfico es, ante todo, un reto de igualdad y de derechos.

Orgullo rural, orgullo sindical

Llevamos más de un siglo defendiendo los derechos de las personas trabajadoras, del campo y de la ciudad. Sabemos que el sindicalismo agrario es imprescindible para garantizar la dignidad, la igualdad y el futuro del mundo rural. Por eso, seguiremos alzando la voz, reclamando justicia y luchando por una agricultura familiar viva, diversa y sostenible.

El orgullo rural es también orgullo sindical. Es la convicción de que otro modelo es posible, de que el campo puede ser un espacio de oportunidades, de innovación y de vida digna. Es la certeza de que, si trabajamos juntos, podemos garantizar el relevo generacional y el futuro de nuestros pueblos.

Mirando al futuro con esperanza

No hay futuro para la agricultura familiar sin relevo generacional. Y no hay relevo generacional sin políticas valientes, sin compromiso social y sin orgullo rural. El momento es ahora. Tenemos la oportunidad y la responsabilidad de sembrar futuro, de garantizar que las próximas generaciones puedan seguir viviendo y trabajando en el campo, con dignidad y con esperanza.

Seguiremos peleando por ese futuro. Porque el campo no puede esperar. Porque la agricultura familiar es presente, es futuro y es esperanza. Y porque, juntos, somos imparables.

Artículo publicado originalmente en el Anuario de la Agricultura y Ganadería Familiar 2025

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