Me alegra presentar la edición 2026 del Anuario de la Agricultura y la Ganadería Familiar en España, publicado por la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos. Año tras año, esta publicación se ha convertido en mucho más que una obra de referencia. Refleja la resiliencia, el compromiso y el papel indispensable de los agricultores y ganaderos familiares en toda España. Sobre todo, da voz a las familias, los pueblos y las comunidades que siguen dando vida a nuestros territorios.
Los últimos meses nos han recordado que la agricultura europea se encuentra en un momento decisivo. La inestabilidad geopolítica, los impactos climáticos en todo el continente, desde las sequías en el sur de Europa hasta los inviernos y las heladas cada vez más imprevisibles, el aumento de los precios de la energía, la crisis de los fertilizantes y la volatilidad de los mercados han ejercido una enorme presión sobre nuestros agricultores y nuestras comunidades rurales.
Estas crisis han devuelto a Europa una realidad fundamental: la seguridad alimentaria nunca puede darse por sentada. Porque cuando la agricultura familiar sufre, Europa lo siente inmediatamente. Lo vemos no solo en los mercados, en los precios de los alimentos o en las cadenas de suministro, sino también en el debilitamiento de los territorios rurales y en la creciente incertidumbre de comunidades que llevan sosteniendo Europa durante generaciones.
Habiendo crecido yo mismo en una familia agrícola en el norte de Luxemburgo, entiendo bien las preocupaciones que hoy se sienten en toda Europa rural. Las explotaciones familiares son mucho más que unidades de producción. Preservan los paisajes, mantienen la biodiversidad, sostienen las economías locales y protegen el tejido social de la vida rural. En países como España, donde ocho de cada diez explotaciones son familiares, son la columna vertebral viva de regiones enteras. Cuando desaparecen, las escuelas cierran, los pueblos se vacían y se pierde el conocimiento local.
Justicia, estabilidad y reconocimiento
Los agricultores familiares no piden privilegios. Piden justicia, estabilidad y reconocimiento. Quieren saber si Europa sigue creyendo en su modelo agrícola y en las personas que lo sostienen cada día.
Mi respuesta es clara: sí.
Hace un año, la Comisión Europea adoptó la Visión para la Agricultura y la Alimentación, una hoja de ruta estratégica para el futuro de la agricultura europea. Un año después, más del 60% de las acciones anunciadas ya están completadas o en marcha. Esto demuestra nuestra determinación de situar a los agricultores familiares y a los profesionales del sector agrario en el centro del proyecto europeo.
Nuestro objetivo es claro: que la competitividad, la sostenibilidad y la justicia avancen mano a mano, porque ninguna funciona por separado.
Desde 1957, la Política Agraria Común (PAC) ha sido uno de los grandes logros colectivos de Europa. Cada año, apoya a más de seis millones de agricultores y contribuye a garantizar alimentos seguros, asequibles y de calidad para los ciudadanos europeos.
En los próximos años, la PAC debe seguir siendo nuestra brújula, guiando la agricultura europea hacia una mayor resiliencia, competitividad y autonomía estratégica, al mismo tiempo que siendo un hogar estable para las explotaciones familiares europeas.
Esta es la visión que defiendo para la agricultura europea: Tierra – Techo – Transición.
Tierra: reconocer la agricultura familiar como el corazón del modelo agrícola europeo
La agricultura familiar no es una parte más del modelo agrícola europeo. Está en su corazón. Representa una forma de hacer agricultura productiva, sostenible y profundamente humana.
La agricultura familiar contribuye a la seguridad alimentaria, a la resiliencia frente al cambio climático, al equilibrio territorial y a la justicia social. Muchas veces, es la explotación familiar la que mantiene abierta la escuela del pueblo, sostiene el comercio local y preserva la identidad cultural de las zonas rurales.
Pero este modelo afronta una enorme presión. En España, la mitad de los titulares de explotaciones tiene más de 65 años y muchos jóvenes siguen encontrando dificultades para acceder a la tierra, a la financiación y a los servicios básicos.
Hace poco conocí a una joven agricultora en Castilla y León, una de las grandes regiones agrícolas de España. Estaba tomando el relevo de la explotación ganadera familiar mientras introducía sistemas de riego de precisión y prácticas de pastoreo más sostenibles. Representaba exactamente el futuro que queremos impulsar: innovación sin perder las raíces. Pero también me confesó que su mayor preocupación no era la tecnología, sino saber si podría seguir construyendo su vida en su pueblo.
Aquella conversación se me quedó grabada porque refleja una realidad que vemos en toda Europa. Cuando el mundo rural se debilita, la agricultura también se debilita. Por eso la Comisión ha situado a la juventud, la equidad y la vitalidad rural en el centro de su mandato.
Techo: estabilidad y apoyo concreto
Un hogar también necesita un techo. Y ese techo, para la agricultura europea, sigue siendo la Política Agraria Común.
En el contexto geopolítico actual, la PAC es mucho más que una política agraria. Es un instrumento estratégico para la estabilidad, la resiliencia y la soberanía alimentaria de Europa.
Por eso nuestra propuesta para la próxima Política Agraria Común mantiene un sólido apoyo a los agricultores y a las comunidades rurales, especialmente a través de un presupuesto protegido mínimo de 300.000 millones de euros destinado a respaldar las rentas agrarias, el desarrollo rural y la resiliencia.
Además, los Estados miembros podrán movilizar de manera inmediata 45.000 millones de euros desde sus sobres nacionales para apoyar a los agricultores y a las comunidades rurales. Asimismo, deberán destinar un mínimo del 10% al desarrollo rural. En el caso de España, esto representa un mínimo de 45.900 millones de euros destinados a la agricultura y al desarrollo rural, una cifra superior a la del periodo actual.
Para organizaciones como la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos, esto es especialmente importante. Las nuevas propuestas de la PAC están pensadas precisamente para apoyar mejor a las pequeñas explotaciones, a las explotaciones familiares y a la ganadería extensiva.
Las ayudas estarán mejor dirigidas hacia quienes más las necesitan. La degresividad y los límites máximos contribuirán a una distribución más justa en favor de las explotaciones más pequeñas y de los jóvenes agricultores. Además, las ayudas acopladas aumentarán del 13% al 20%, con un apoyo reforzado a los sistemas de pastoreo y a la ganadería extensiva.
La PAC también mantendrá todas sus herramientas, aunque de forma más simple y flexible. Los Estados miembros tendrán más capacidad para adaptar las medidas a sus propias realidades agrícolas y rurales, manteniendo al mismo tiempo unos objetivos europeos comunes.
Al mismo tiempo, ya estamos avanzando con las prioridades señaladas por la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos. El mes pasado, la Comisión presentó un Plan de Acción sobre Fertilizantes para reducir dependencias estratégicas y apoyar a los agricultores frente al elevado coste de los insumos. También estamos preparando una Estrategia Ganadera y un Plan de Proteínas para reforzar la soberanía alimentaria europea y aportar más estabilidad y perspectivas de futuro al sector ganadero.
También reforzaremos las herramientas de gestión de riesgos, los seguros y los fondos mutuos para ayudar a los agricultores a afrontar mejor las crisis climáticas y del mercado. Y para que los agricultores no sean el eslabón más débil de la cadena agro-alimentaria, estamos reforzando su posición dentro de la cadena de suministro alimentario, al tiempo que promovemos una mayor transparencia en la formación de precios.
La simplificación sigue siendo nuestra prioridad transversal. No significa desregular, sino permitir que los agricultores pasen más tiempo trabajando en sus explotaciones y dediquen menos tiempo a gestionar cargas administrativas. El objetivo es claro: una PAC útil, justa y eficaz, que tenga en cuenta las realidades de cada territorio.
Transición: asegurar el relevo generacional y el futuro de las comunidades rurales
Los hogares se construyen con personas, cuidados y la convicción de que el futuro merece la pena. Y eso también vale para la agricultura.
La población agraria europea está envejeciendo rápidamente. La edad media de los agricultores es hoy de 57 años y apenas el 12% de los agricultores europeos tiene menos de 40 años. El número de mujeres jóvenes en el sector sigue siendo también demasiado bajo. Son desafíos que vemos en toda Europa, también en España.
Y, aun así, hay motivos para la esperanza. En la actual Política Agraria Común, el relevo generacional se ha situado al máximo nivel político. Alrededor de 8.500 millones de euros están destinados a ayudar a la próxima generación a incorporarse al sector, con el objetivo de apoyar a 377.000 jóvenes agricultores antes de 2027. Además, cerca de 25.000 millones de euros se están invirtiendo en la vitalidad de las zonas rurales más allá de las ayudas directas, apoyando infraestructuras, servicios locales, proyectos de cooperación y comunidades rurales.
Los jóvenes agricultores están aportando nuevas ideas, innovación y energía al mundo rural europeo. Pero demasiados siguen teniendo dificultades para acceder a la tierra, a la financiación, a la formación y a los servicios básicos. Por eso he convertido el relevo generacional en una prioridad central durante mi mandato. A través de la Estrategia de Relevo Generacional publicada el pasado octubre y de nuestra propuesta para la próxima PAC, queremos hacer de la agricultura una opción de futuro real, atractiva y viable para la próxima generación. De aquí a 2040, nuestro objetivo es duplicar el número de jóvenes y de nuevos agricultores, y pediremos a los Estados miembros que destinen al menos el 6% de su presupuesto de la PAC a apoyar a los jóvenes y a nuevos agricultores.
Pero el relevo generacional no va solo de ayudas. Va también de la vida cotidiana.
Recuerdo que un joven ganadero de leche en Galicia me dijo: “Puedo modernizar mi explotación, pero no puedo modernizar mi pueblo yo solo”. Aquellas palabras reflejan algo muy profundo. Las familias rurales necesitan guarderías, atención sanitaria, transporte, conectividad y oportunidades reales si quieren quedarse y construir su futuro en las zonas rurales. También merecen condiciones de vida dignas y derechos sociales sólidos, incluido apoyo a la salud mental, acceso a servicios de relevo agrario, un mejor equilibrio entre la vida laboral y personal y una mayor igualdad de género en el sector agrícola.
El desarrollo rural sigue siendo una prioridad fundamental de las políticas de la Unión Europea.
Las mujeres ya están en el corazón de las comunidades rurales, pero todavía afrontan demasiadas barreras en cuestión de acceso a la tierra, financiación y oportunidades. España ha dado pasos importantes en esta dirección, especialmente mediante apoyos adicionales para jóvenes agricultoras e inversiones específicas. Ese es también el objetivo de nuestra nueva Plataforma de Mujeres en la Agricultura lanzada en marzo: crear un espacio para conectar, compartir buenas prácticas y reforzar el liderazgo femenino en toda Europa.
Las crisis de los últimos meses nos han demostrado claramente que la agricultura familiar no es un modelo del pasado; es un activo estratégico para el futuro de Europa.
Por eso la PAC debe seguir siendo nuestro hogar común. Un hogar arraigado en la tierra, protegido por la solidaridad y sostenido por las generaciones futuras. Una Europa donde los territorios rurales sigan siendo dinámicos y llenos de vida. Una Europa donde los jóvenes agricultores puedan quedarse o regresar y construir su futuro. Una Europa donde la competitividad, la sostenibilidad y la equidad avancen juntas.
Artículo publicado originalmente en el Anuario de la Agricultura y Ganadería Familiar 2026.









