Un pacto social por el mundo rural y el empleo

Nuestra sociedad debe alcanzar un gran pacto para evitar que el mundo rural siga sumido en la desigualdad. El mundo rural reivindica su valor para la riqueza y el bienestar social y exige justicia y derechos.

Pepe Álvarez, secretario general de UGT
15 de agosto de 2019

Las desigualdades que imperan en nuestra sociedad están provocando que la salida de la terrible crisis social, económica y financiera que hemos vivido esté siendo también desigual. Desigualdad entre ricos y pobres, entre empresarios y trabajadores, entre hombres y mujeres, entre ciudadanos de las zonas urbanas y las zonas rurales…

La desigualdad es un fenómeno con distintas caras y efectos perversos. Es un enemigo que debemos combatir firmemente, con valentía y sin descanso, como hacemos cada día desde la Unión General de Trabajadores.

En UGT aspiramos a un modelo de sociedad igualitario, democrático, en paz y basado en el desarrollo sostenible económica, social y medioambientalmente. Para ello es urgente un replanteamiento de las políticas económicas, sociales y ambientales, para que garanticen un trabajo decente y de calidad, y una protección social adecuada de las personas trabajadoras y sus derechos, asegurando la cohesión social de la ciudadanía y el equilibrio generacional, vivan donde vivan, trabajen donde trabajen.

130 años de lucha en favor de la clase trabajadora

Estos días celebramos el 130 aniversario de UGT. Son ya muchas décadas de historia, de lucha y de reivindicación. Y, como todo aniversario, es un buen momento para reflexionar sobre lo hecho y lo conseguido, además de sentar las bases y renovar fuerzas para lo que falta por hacer.

En UGT reafirmamos nuestro compromiso frente a las crecientes desigualdades, discriminaciones y destrucción de derechos y libertades. Nos reivindicamos como lo que somos: una organización de clase, feminista, internacionalista, demócrata y pacifista que promueve y defiende los derechos e intereses de los trabajadores y las trabajadoras, independientemente de su religión, origen étnico, sexo u orientación sexual o afectiva, o nacionalidad, de donde hayan nacido o de donde vivan o realicen su trabajo.

De la mayor ciudad al pueblo más pequeño, con los trabajadores

Precisamente en ese aspecto, el lugar donde se realiza el trabajo, entramos en una materia que considero de enorme importancia: la estructura territorial de nuestro país es motivo de intensos debates y disquisiciones. Sin embargo, hay una realidad que afecta a la distribución demográfica que debería preocuparnos más a todos y todas, que no es otra que grandes zonas de España son un desierto demográfico, con densidades de población más propias de Siberia o del Círculo Polar Ártico, lo que llamamos la “España vaciada”. Sin embargo, las grandes urbes albergan concentraciones cada día mayores de población, con los problemas que ello conlleva. No tiene sentido.

El mundo rural español debe ser contemplado como un entorno adecuado para vivir. Nuestros pueblos y nuestro entorno –natural, forestal y por supuesto agrario– tienen un enorme valor como recurso que tenemos que poner en valor y aprovechar adecuadamente. Pero los ciudadanos rurales deben tener igualdad de acceso a servicios e infraestructuras. Si consideramos a los pueblos como lugares “de segunda”, no conseguiremos frenar la creciente despoblación que nos aqueja. Es por eso que debemos trabajar firmemente para anclar a la población en el entorno rural.

La agricultura y la ganadería, fuentes de riqueza y creación de empleo

Desde UGT, y con nuestra federación Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos, reivindicamos un nuevo gran pacto social en el que se proteja al mundo rural, fomentando su capacidad productiva (conscientes de su potencialidad para generar riqueza y crear empleo), y los servicios públicos e infraestructuras que permitan su desarrollo.

La actividad de producción de alimentos, que a su vez proveen al mayor sector industrial de nuestro país, el agroalimentario, es la principal baza del medio rural. Pero sin mucho menos olvidar el papel preeminente que puede y debe tener en la transición ecológica que necesariamente abordaremos como sociedad a nivel mundial y en la que de hecho ya estamos inmersos.

Nuestro país es una potencia agrícola y ganadera. Asumir esto no supone un inconveniente para pedir que se potencie el sector industrial, es compatible y de hecho puede resultar perfectamente sinérgico. Siempre que, claro está, España asuma como estrategia de país fomentar y apoyar el modelo mayoritario de producción de alimentos: el de tamaño pequeño y mediano y de carácter familiar.

La red de explotaciones familiares distribuida por todo el país tiene un valor enorme social, ambiental y económico, y debe ser protegida y apoyada, con leyes específicas y apoyos suficientes, sobre todo para conseguir que sean competitivas y puedan obtener una remuneración justa por su trabajo. Además de valorizar la labor medioambiental que desempeñan.

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