El 25 de septiembre de 2015, más de 150 jefes de Estado y de Gobierno se reunieron en la histórica Cumbre del Desarrollo Sostenible para aprobar la Agenda 2030. Se acordaron 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y 169 metas que instan a los países a poner el foco en la crisis climática, la desigualdad económica, la justicia social y la igualdad de género, entre otros. Fue un acuerdo histórico impulsado por Naciones Unidas, que entró en vigor el 1 de enero de 2016, y que se constituyó como una continuación de los Objetivos de Desarrollo del Milenio.
En ese momento se inició un camino cuya próxima meta es la denominada Agenda 2030, con ese horizonte como fecha de referencia para conseguir el cumplimiento de los ODS. Por ello, a medida que nos aproximamos a ese momento, las instituciones y las organizaciones sociales, cada cual en su papel, están empezando a movilizarse, porque aunque diez años puedan parecer muchos, lo cierto es que pueden resultar escasos si no se actúa con decisión, voluntad y rapidez.
En este contexto global y transversal a todos los sectores y países, la agricultura familiar está llamada, necesariamente, a ejercer un papel de protagonista principal, comenzando por reivindicar este modelo de gestión de la agricultura y la ganadería como garante de la sostenibilidad en todo el planeta. La agricultura familiar es una pieza fundamental para el cumplimiento de los ODS y, por consiguiente, debemos llamar la atención a la sociedad y a las Administraciones, porque somos cruciales para salvaguardar la gestión de los recursos naturales, como la tierra, el agua, los animales o los cultivos, y la producción responsable de los alimentos.
En definitiva, somos sostenibles por naturaleza, como viene reivindicando UPA desde que comenzó este debate a nivel mundial.
Por ello, desde la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos trabajamos para que se reconozca el valor insustituible que aporta la agricultura familiar a la sostenibilidad. Cumplimos los ODS y, en la mayoría de las ocasiones, sin ningún tipo de reconocimiento.
El Foro de Acción Rural (FAR), en el que participa nuestra organización desde hace siete años junto a otras plataformas, presentará en los próximos meses un programa y jornadas para concienciar sobre la importancia del mundo rural en los ODS, y plantear la visibilidad y el reconocimiento de la agricultura familiar en esta tarea. Pero, además, queremos ampliar las metas y los objetivos, e introducir mejoras en nuestras prácticas para colaborar a hacer un mundo más habitable.

Contribución de la agricultura al desarrollo sostenible
La agricultura familiar está presente en el día a día de los ODS. No hay sector que preste más colaboración desinteresada al cuidado de la sostenibilidad que el nuestro. Somos sostenibles por naturaleza, desde el principio de los tiempos. En España, las pequeñas y medianas explotaciones generan el 85% de los alimentos que consumen las familias españolas. Por una parte, alimentamos a una sociedad en crecimiento y enriquecemos a aquellas tierras que, sin el trabajo agrario y ganadero, estarían en una situación de abandono.
Cumplimos con creces los tres primeros objetivos que se marcó Naciones Unidas: el fin de la pobreza, hambre cero y salud y bienestar. Sin embargo, nuestro sistema agrario necesita una profunda reforma y mayores inversiones para dar respuesta al aumento de población mundial y ayudar a mitigar las dificultades del hambre.
Pero no solo es cuestión de convencimiento y medidas económicas. Nuestro compromiso por la sostenibilidad también debe complementarse con políticas que favorezcan al mundo rural.
Pese a que gestionamos la mayor parte del territorio y la producción, las grandes explotaciones agrarias, y sus respectivas empresas, siguen teniendo prioridad en el acceso a las ayudas. Jugamos en desventaja y desviamos la atención de una cuestión fundamental: la agricultura familiar debe ser rentable económicamente. Sin precios dignos, sin distorsión de competencia y sin regulación de mercado no habrá un cumplimiento de los ODS justos. Y, como sociedad, todas y todos nos veremos perjudicados.
La política, en definitiva, pasa por tener en cuenta al mundo rural. Situarle en el centro como motor del desarrollo sostenible. Incluirle en las instituciones y darle los instrumentos necesarios para que cumpla su labor con el medio ambiente y la sociedad. Asegurar equipamientos y servicios acorde a sus necesidades. Y, por supuesto, remunerar aquellos bienes públicos que ofrecen las explotaciones agrarias. Justificar, en definitiva, a la agricultura como un extracto social que se adapta a la Agenda 2030. Estar presente y hacernos notar.
Es cierto que las ayudas de la PAC están orientadas a premiar la agricultura sostenible y castigan aquellas prácticas que incumplan el respeto al medio ambiente. Los agricultores podemos perder hasta un 30% de las subvenciones si no cumplimos el mantenimiento de los pastos, la rotación de los cultivos y la planificación y ejecución de superficies de interés ecológico (SIE).
Pero las medidas penalizadoras no bastan. Las ayudas deben afrontar un terreno más amplio. Nuestro trabajo no solo se limita al campo. Hay vida fuera de la jornada laboral, que debe complementarse con una reestructuración de los equipamientos y servicios del medio rural que se han degenerado con la excusa de la crisis económica. No podemos crear ciudades y comunidades sostenibles sin tener en cuenta al pueblo. Estamos comprometidos con la sostenibilidad, pero sin las herramientas adecuadas no podemos avanzar.

Educación e igualdad
Garantizar una educación de calidad también está entre los objetivos de la Agenda 2030. Las escuelas rurales sufrieron duramente los recortes de los años de la crisis. Revertir esa situación está, de nuevo, en mano del compromiso político. Sin educación en las zonas más despobladas no hay futuro ni garantía de sostenibilidad.
Somos conscientes de la importancia del sector educativo en la sociedad. Pero ese objetivo no se cumplirá hasta revertir los ajustes en las escuelas rurales como un antídoto –entre otras propuestas– para frenar la despoblación y aumentar las pequeñas explotaciones agrarias que, en los últimos años, están disminuyendo. Por otra parte, pedimos una mayor concienciación en la sociedad sobre el origen y la distribución de nuestros alimentos.
Es una obligación del mundo rural tener esa relación con el consumidor. Que sepan que los productos de la agricultura familiar ayudan a la biodiversidad y colaboran en lo que Naciones Unidas llamó Ciudades y Comunidades Sostenibles (objetivo 11 de los ODS). Porque el mundo rural no solo es un importante patrimonio cultural, sino además contribuye a la calidad del aire.
En otro sentido, nuestra organización está comprometida con la igualdad de género. Desde FADEMUR ponemos el foco en la lucha por alcanzar la igualdad y el progreso de las mujeres que viven y trabajan en el medio rural. Un colectivo, en ocasiones, invisible y poco reconocido, desde el que trabajamos para alcanzar la igualdad real. Sin feminismo tampoco hay futuro.
Que no te engañen: ya trabajamos por la sostenibilidad
Hace años que nuestra organización ha tomado la iniciativa en la producción y el consumo responsable (ODS número 12) al fomentar el uso eficiente de los recursos y la energía. Con el sistema SIGFITO tratamos el reciclaje de los envases agrarios y cumplimos con la normativa vigente, el medio ambiente y el desarrollo sostenible. Y concienciamos sobre el uso de otras prácticas y elementos como plásticos de invernadero, acolchados o ensilados, cuya gestión debe tratar el agricultor.
A través de lo que denominamos “canales cortos”, hemos reducido costes, hemos limitado la huella de carbono de los alimentos y hemos dejado de depender de las grandes cadenas de la distribución. Reinventarse para sobrevivir. Además, hemos promovido la instalación de placas solares, modernizando nuestro sistema de riego (ahorro de agua y electricidad). También con la siembra directa colaboramos para luchar contra la crisis climática. En el trabajo diario de estas prácticas cuidamos al suelo, ahorramos en combustible y frenamos la emisión de gases de efecto invernadero. Con la técnica de la fertirrigación (la aplicación simultánea de agua y fertilizantes a través del sistema de riego) maximizamos el rendimiento y minimizamos el riesgo de contaminación de acuíferos. Con el uso de cubiertas vegetales sumamos a la biodiversidad y regeneramos la calidad de nuestro aire. Y otras muchas más iniciativas que nos implican en el cuidado del planeta.
Sostenibles por naturaleza
UPA lanzó hace un par de años la campaña “Sostenibles por naturaleza” para reivindicar la importancia de la agricultura familiar en la gestión sostenible de los recursos naturales –la tierra, el agua, los animales, los árboles, las semillas– y la producción responsable de los alimentos sanos y saludables.
La organización quiso visibilizar al medio millón de pequeños productores y productoras agrarias ante una sociedad que parece no ser consciente del papel del mundo rural en el cuidado y respeto al medio ambiente, y su contribución al desarrollo sostenible. Beneficios sociales, externos a la producción diaria, que no se remuneran económicamente. Una campaña educadora y correcta de la gente del campo. Y defensora de nuestra labor frente a las posiciones demagógicas, y en ocasiones hasta dañinas y provocadas por oscuros intereses comerciales, que generan falsas acusaciones sobre nuestros trabajadores. Hacemos uso sostenible de los fertilizantes y fitosanitarios, respetando las normas del bienestar animal. Y seguimos trabajando para cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, pese a que no siempre se nos tenga en cuenta.
Innovación y energía renovable
Nos importa el cambio climático. Por ello, desde UPA hemos tratado esta problemática desde el punto de vista de la adaptación. Nos preocupa y queremos ayudar a contribuir a paliar los daños. Con el programa InfoAdapta- Agri, los pequeños agricultores se forman con cuatro manuales de adaptación y 130 medidas para hacer frente a la también denominada crisis climática.
Desde la autocrítica constructiva y con una parte de responsabilidad de nuestro sector en el calentamiento global, el medio rural también quiere proponer soluciones y ser partícipe de la transición ecológica. Porque somos conscientes de que somos emisores de gases de efecto invernadero, pero nuestro compromiso va encaminado a cambiar esta situación. La dificultad diaria para sacar adelante las explotaciones agrarias no nos hace olvidar nuestra labor, más que justificada, hacia la sostenibilidad.
La innovación en el mundo rural muestra su compromiso con los ODS. Los sistemas de manejo de las explotaciones van dirigidos a conservar los recursos disponibles. En 2050, los expertos alertan de que al menos un 25% de la población mundial vivirá en un país afectado por la escasez crónica y reiterada de agua dulce. La buena gestión del agua no solo mejora rendimientos e incrementa las producciones, sino que contribuye a generar empleo y vertebrar las zonas rurales. Una planificación hidrográfica orientada a la modernización y ampliación de las infraestructuras de regadío, la redistribución social de los recursos, el fomento del ahorro en el uso del agua y la mejora en la eficiencia energética de los cultivos.
Desde la agricultura familiar también se dan pequeños pasos para la automatización y reducción del trabajo manual de las actividades. Las novedades en robótica permiten avances en precisión y eficiencia de tareas como la siembra, el control de malas hierbas, la poda y la fumigación, además de otras tecnologías para un mejor uso del suelo o la utilización de drones. No obstante, somos conscientes de nuestras capacidades. Tampoco queremos grandes tecnologías que no podamos usar en la agricultura familiar. Y exigimos apoyo económico de las Administraciones para que esa innovación, que favorece la sostenibilidad de nuestras tierras, sea posible y justa.
Porque los esfuerzos del pequeño agricultor y ganadero deben ir acompañados de políticas que tengan en cuenta la vulnerabilidad de nuestro sector. No se pueden poner las mismas exigencias en todos los sectores del mundo rural. Y tampoco se pueden permitir las mismas ayudas para todos los tipos de agricultores. La agricultura familiar necesita más atención frente a las grandes empresas. Es una cuestión prioritaria: el relevo generacional de nuestros trabajos está en peligro por la falta de oportunidades y facilidades. Sin asegurar el futuro de nuestra actividad, difícilmente podemos cumplir los objetivos de la Agenda 2030.
Artículo publicado originalmente en La Tierra del Agricultor y Ganadero número 275









